La Juventud al Poder - coeditado con )el asunto(


Rodolfo Finder nació en Vicente López una noche de verano de 1940.
En 1957 una fábrica se instala en el río donde a Rodolfo lo bañaba su madre de pequeño. Para él fue una injusticia y un golpe muy duro. Decidió no mirar para el otro lado. Decidió comprometerse.
En esta historia ficticia, en esta novela corta, empiezan a ver coincidencias que unen a Rodolfo Finder con su escritor predilecto, Rodolfo Walsh, el autor de “Operación masacre”. Pero también con muchos apellidos que animaban la década del 50: Perón, Guevara, Labruna, Goyeneche, Ardizzone, Pugliese, Masetti, Troilo, Artaud.
En un juego interminable entre lo real y lo ficticio, en una práctica entre la historia y la imaginación nace el mundo de El Rodolfazo. Un mundo que tiene que ver con nuestra identidad “argentina” y con las raíces culturales del último siglo.
Por luchar y comprometerse, Finder es expulsado al exilio, luego de recibir amenazas de muerte.
Es cuando decide viajar a Lago Intocable, a esa isla perdida en la Patagonia.
Es donde conoce a Bachino, la señora que le dice:
“Acá en el sur se termina el país, se termina la búsqueda. Busquen, exploren, mediten, abran caminos. Yo solo me crucé como paloma del destino, a guiarlos, a darles luz en la oscuridad. Ahora les toca a ustedes continuar el camino, poner nuevos ladrillos, continuar la historia. Vayan por ahí, por ese sendero. Vayan a hacer la revolución...”
Coincide el nombre de Walsh con el del personaje de esta historia, y seguramente con muchos muchachos de esos años que se llamaban así. Los Rodolfos anónimos que quizás también fueron héroes de historias menos conocidas o desconocidas que quedaron en el olvido, o quizás sigan recordándose en los recovecos de los barrios, donde las historias resucitan.

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