Freud x Masotta

16-09-2009 - Por Emilia Cueto

Homenaje a Oscar Masotta. Entrevista a Teodoro Lecman

En el mes de setiembre, fecha en la cual se conmemora el 30 aniversario de la muerte de Oscar Masotta, presentamos una nueva entrevista que incluimos en la serie que comenzáramos en enero de 2009. Este espacio ha tenido y tiene por objetivo recordar y reconstruir, a través de la palabra y desde la versión de algunos de quienes compartieron con Masotta aquellos momentos, un período del psicoanálisis argentino que marcó una apertura y un viraje de consecuencias trascendentales, al generar una fuerte raigambre del movimiento lacaniano en nuestro país. Circunstancia que para muchos no hubiera sido posible sin la intervención de Oscar Masotta. En esta oportunidad se trata del reportaje al psicoanalista Teodoro Lecman, quien nos brinda sus reflexiones y lectura sobre aquel momento histórico y sus repercusiones hoy.

-¿Qué produjo en usted, en cuanto a su formación y el desempeño de su práctica analítica, el encuentro con Masotta?

-Fue un encuentro casual, por decirlo así. Un compañero de Facultad, por los 70, nos trajo su nombre como la última palabra en psicoanálisis en Buenos Aires, para que hagamos un grupo de estudios. Este compañero, además de profesión vendedor, pronto dejaría el “grupo” - que se refundió varias veces, como acostumbraba Oscar, que no creía en los grupos “armados”-. Además se recibiría como 20 años después, y se dedicaría a otras orientaciones, si bien ahora me pidió las clases. Y me devolvió una de mis primeras traducciones para la desaparecida editorial anarquista Proyección. Para un marxismo libertario, de Daniel Guérin.
En resumen, el encuentro con Oscar Masotta tiene los avatares de un carpe diem de la vida en las grandes ciudades, como el libro del exquisito Saúl Below, si bien el enorme poeta Horacio está detrás de todo eso, pidiéndole a su amada que libe el vino y no se preocupe por nada.
Por los años 70, con veintipico de años, ¿de qué nos teníamos que preocupar? Me acuerdo de Paul Nizan: que nadie diga que los 20 años son la mejor edad de la vida. Angustias, tener que vivir, la sexualidad, encontrar pareja, la política, los ideales, el intenso latinoamericanismo que a la sazón reinaba: a los 14 años yo llevaba Marcha bajo el brazo, el mejor periódico de América Latina de todos los tiempos. Y estaba El Escarabajo de oro, y la Rosa Blindada, y El Corno Emplumado, Cormorán y Delfín, etc. Corrientes era una fiesta y La Paz, el Ramos, el Foro, el Politeama, un bar a la deriva donde uno compartía con alguien un destino incierto... aparentemente, aunque el destino manda, digo, contra las versiones de los self-made man del psicoanálisis. Ni Masotta lo era ¡Todo ha sido siempre tan aburrido en Buenos Aires! Cada cipayaje, cada onda del momento (ahora Macri), cada serrucho le cambia la jeta a cada rato. Y nosotros los de ahora ya no somos los de antes. Yo creo que sí, con gran esfuerzo. Masotta tuvo que ver con la patada inicial de ese esfuerzo, y en partes a pesar de él mismo.
Masotta cuaja en y con la época. Con el DI Tella, Contorno, los bares de Florida, los Viñas, Sebrelli, etc.
Mi encuentro con Masotta, en tres años intensos de grupo de estudio sobre Freud, que es lo que esencialmente conceptualizo en mi libro, fue una poderosa marca de lectura. Made in argentina, como Freud invoca el Made in Germany en la Verneinung, una rara marca borrante: Desilusión con marca registrada es mi próximo libro de poesía. Hay que ser poeta para sobrevivir en Buenos Aires, además de psicoanalista... ¿No cierto, Moffat?
Marca borrante. Me explico.
Masotta quedó gommé, como dicen los franceses, que es borrar pero también engomar, pegar. ¿Alguien se acuerda del chicle bazooka? ¿De los happenings del Di Tella, de Sartre, de Roberto Arlt, de De la Vega? Pegado e inconsciente quedó Oscar Abelardo Masotta. Yo tuve un profesor de latín que se llamaba Abilio Bassets. Es mi formación, el colegio de la patria, el Buenos Aires, y odio fervientemente a Miguel Cané, que promulgó la Ley de Residencia contra los extranjeros. Y todos esos claustros asfixiantes, por Plaza de Mayo. Ahí empezamos, y después la Facultad, como siempre, fue una pesadilla argentina de carteles e incoherencias, más allá del club social filosofía y letras, como algunos la llamábamos. Y después de la gran Universidad de Risieri Frondizi, que me tocó apenas un año, después del Buenos Aires, que es parte de la Universidad.
Habiéndome iniciado con Masotta en la transmisión del psicoanálisis (después de la Facultad de Psicología, donde tuve eclecticismo y luego la enorme fractura del Onganiato, el militarismo y la decadencia). Tuvimos que ir a la “cultura de las catacumbas” sin embargo Masotta me parecía muy “teórico”, poco clínico. Mi sorpresa al releer y elaborar este libro sobre sus clases, paradigma de los 70 y del 2009, es qué cerca está Masotta de la clínica, sobre todo con la identificación. Tanto es así que me fui como un mes del grupo y después volví, como oveja negra al extraño redil de los 300 del psicoanálisis masottiano, mucho más que siete locos, que después multiplicaron las instituciones, los centros, los sitios, de un lacaniosismo fabuloso, una laca. Como el barón de muchos hausen, de muchas casas. Vuelan. Pero también tiene que ver con el análisis profano y la necesidad que tiene la gente de trabajar: Lo vi en San Petersburgo, en el Museo de los sueños de Freud (sic), vuelve la opción liberal. ¿Para qué tantos millones de muertos? Sin contar con que el rompedero de cabeza que es la Argentina nos hace a todos psicólogos de lo imposible de entender, y mal. Es una epidemia.
Entonces, la marca de Masotta, es la de un maestro, humilde y generoso, que invitaba a pensar, sordo, pero con mirada suave, que se atrevía a decir: eso nunca lo pensé. Que aguantaba con ginebra y agua horas y horas a tantos orates metropolitanos, y sin Fritz Lang, el director alemán de la fabulosa Metrópolis, una de cuyas mejores representaciones es del pintoresco Xul Solar y Masotta, apenas con su tío, al que un día nos presentó, en la cortada Barrientos, un personaje, yo no entendía nada, nunca entendí nada en el sentido de lo social: eso me permite entonces calar muy hondo, a-socialmente. La transmisión es de a uno.
Masotta fue el sello para el tránsito definitivo del análisis médico al profano, bajo la vía de Lacan: la ley Onganía prohibía su práctica al que no fuera médico y la APA no admitía no médicos para la carrera de analistas, si bien se ejercía igual, en Buenos Aires, la desopilante si no fuera tan triste: no se ven caras sonrientes, como en Brasil. En 1984, fundamenté científicamente el anteproyecto de Ley que derogó la famosa Ley Onganía, con Osvaldo Devries, de la APBA. Sobre nosotros pesaba la sombra de Beatriz Perosio, desaparecida por el Proceso. Ya casi no se habla de eso. La Psicología es como Alicia en el País de las Maravillas. Que le corten la cabeza. Pero sobre todo el gato de Alicia se empieza a esfumar no por el cuerpo, si no por la sonrisa. Queda una cara de culo con sabor a barrio norte y no sé qué desquicio desopilante. Ahora es piercing, no Peirce (lógico eminente, único de los yanquis, en Pennsilvania, no, ¿cómo es? stone no sé cuánto, villa roca de los picapiedra, pero acá tuvimos nuestro genocida Roca).
Masotta nos habilitó a los que no quisimos ser los psicohigienistas de Bleger y su caterva. Ellos a mí no me daban un modelo de nada. Ni para escuchar a los Luthiers o hacer psicocine o psiquismo fetal o comunicación en cómodas cuotas. O psicosomática médica. O ser señora de... o analizarlo a Marlon Brando con Martha Berlín. Menos mal que Rodrigué no se chupó la frutilla (me refiero a su polémica de la frutilla del psicópata con Oscar) y murió contento en Bahía. A la vejez volvió a ser freudiano. Cosas del siglo y del sigilo del enano. Lo mismo que el impulso a la escritura, el corte de la transmisión, el corte institucional argentino, de eso hablo en mi trabajosa tesis de doctorado. Me metieron palos en la rueda por 10 años en Psicología, pero la gané igual, con las mejores notas.
Oscar leía como un animal, abría aguas, hacía una transferencia de lectura y creatividad y autoanálisis, no como eso que llaman transferencia de trabajo (no te mandan nada y vos trabajás para ellos) y es transferencia de snobismo: sine nobilitate. Y slogan mathémico y puaj... Lacan invirtió el sintagma de Freud: era el trabajo de la transferencia. En París es lindo, yo lo sé. Estuve cinco veces. Luxembourg es divino. Como Palermo Chico, por ahí cerca vivía el yerno. El mismo Lacan dijo que Oscar Masotta era demasiado autobiográfico. Faltaba que dijera ¡qué asco Flores, donde a las chicas se les caen las tetas del corpiño! (Girondo)...
A mí me interesa y me marcó Freud por Masotta. Después hice mi lectura, con francés, alemán, etc., y otros mediadores e instituciones varias incluidas, ninguno de su talento y fuerza, ni por las tapas. Lacan es una desdicha para nosotros, más allá del placentero Freud, me lo ha dicho gente que quiere estudiar en grupos, a recursar a contrapelo y adivinando todas las fuentes que escatimaba. Lakanal fue el que inventó el derecho de autor: está en un diario que tengo del interior (!) que me trajo mi pobre ex mujer, sufrida y trabajadora. El pathos mortal de Argentina, Freud habla de aburrimiento mortal a Silberstein. Los trabajos y los días y cosmogonía (Hesíodo), como en la patagonia, donde hay pathos y agonía. Dos anagramas: argentina: tina negra, mío; y argentino: ignorante, que ví en un graffitit monumental en el Palais de Glace, en Recoleta. Obviamente yo soy el judío errante. Tengo en una vieja percha de sastrería el apellido de un famoso analista teorizador de la psicopatía, de no creer. Y Masotta también es una empresa de transportes, no sé si tiene algo que ver.
Después me formé de muchas maneras, pero me quedó la marca. ¿Dumézil?
La práctica es otra cosa. Es penar con el lazo social para poder trabajar lo imposible, lo peor de uno mismo que a nadie le gusta enfrentar. De eso Masotta no me enseñó nada. Él sabía manejarlo a su manera y dejarse traicionar después de fundar imperios por todos lados. Y con brotes y Fontana y Carpinacci, sus analistas, creo yo que lo ayudaron a patinar: uno lo hizo beber de la fontana con el LSD, el otro con su pálida filosofía cristianucci...por carpintero, padre de jesús, carpinacci, quiero decir.
Me refiero a las condiciones de la práctica: derivación, prestigio, circulación, adaptacionismo. Y cómo hay que descular finamente el contexto, lo social, la familia, lo real social al estilo de Tarde, para recién después poder analizar, con pinzas de todas las medidas y a veces con los dedos o ultramicrótomos, es una cirugía del demonio. Juntarse, una vaga síntesis en los recreos.
Una ética del psicoanálsis nunca puede ser popular, lo dijo Freud. Me interesa el sufrimiento del ser humano y contra eso trabajo, del lado de Eros, mientras espero que Thanatos haga mi camino y me fulmine: no se lo banca nadie. Salvo con un poco de creatividad. Creo que Masotta tuvo que lacanizarse para poder soportarlo. Cuando estaba en el vel Freud/Lacan, era maravilloso. Después vino el cáncer. Pero el goce y el dolor de existir son Tyché o Tukhe, según mi ex maestro de griego Pinkler. Se crea desde el dolor, no desde la alegría, pese al nombre de Freud, quizás sí para la alegría, si viniera.

-En su presentación a modo de curriculum, aparece en primer término: “discípulo de Masotta”, ¿Qué significa nombrarse de este modo y qué implicancias ha tenido para usted?

-Con nombrarme así reivindico la enorme honestidad de un pensamiento como el de Masotta, que no tenía careta profesional que defender, ni de analista: él vendía su saber: el autodidacta, el autoanálisis “controlado”, Selbstanalyse, el análisis profano, la cultura inmensa. Kulturtrager, dice Freud, debe ser el analista: soportador de cultura y de lo insoportable de la transferencia, de la existencia. Cuando uno está contento, mejor no analizarse, según maître Lacan.
Reivindico una filiación profana, política y cultural, a Sartre, una maravilla, pero con Camus –lean La Peste, actualísima –.
Reivindico a Lacan, sustrayéndole su psiquiatrismo de dandy avaro, y su snobismo y sus mathesis rocambolescas así como su deseo de ser leído por 300 años (no es a Joyce al que se refería) y dejarle todo a sus herederos: el mismo error que Freud. Humano, demasiado humano. Somos todos de carne y hueso, muchos llamados analistas hacen patafísica, en el peor de los sentidos, en el de Ubú, no en el de Jarry...Insisto, se ríen del sufrimiento ajeno (el propio lo expulsan, como dice Schopenhauer, que no es cerveza): es el protofascismo argentino. La culpa la tienen los bolivianos y los chinos.Y las paraguayas son todas putas. Claro, si les mataron todos los hombres en la guerra del Chaco.
Con Masotta reivindico la alternativa, el marxismo y el horror del siglo XX, el peor de la humanidad, no me cabe duda: ¿o la bomba atómica es lechuguita y los genocidios, el homo sacer y el androide, los campos y este inaguantable transexual de mercado que es el sujeto actual o la mina fetiche implantada? Hasta Lévi Strauss dice que ya no es su época. El XXI te lleva hasta Liniers, te saquean en el supermercado, te dejan en bolas en la hiperinflación, después te dan una tarjeta de mierda, paro...
Me han mirado siempre como un bicho raro. Tengo todos los títulos académicos, a diferencia de Oscar Masotta. Por eso él era más maestro, como Firpo, el uruguayo: la mosca es un incesto. Hay después los mediocres y los chupamedias del psicoanálisis. Parte de una de esas maffias, aliada al radicalismo oportunista y heredero de la dictadura, me echó de la UBA. Por no ceder. Fui lacaniano, anarquista y ético: no cedí en mi deseo. Aunque tuve mis pequeñas agachadas y confusiones. Aparte me hicieron el perfecto trabajo de acoso (vean a la Irigoyen Marie France, ¡qué casualidad!). Me costó demasiado caro, pero no me arrepiento, puteo, puteo, como Masotta a los que le robaron la Escuela Freudiana de Bs AS, que ahora ponen cara de nada y hasta lo elogian. En el exterior siempre me reconocen: Francia, Brasil, Rusia, Rumania, hasta Turquía, Uruguay, si bien se parece un poco a nosotros, más canarios.

-En el Diccionario de Psicoanálisis de Elisabeth Roudinesco y Michel Plon podemos leer: “Agradecemos a Teodoro Lecman, quien durante un año realizó numerosas investigaciones bibliográficas sobre la historia del psicoanálisis en la Argentina, y además averiguaciones en el terreno.” Respecto de Oscar Masotta y el movimiento que se genero en torno a él, ¿sus investigaciones lo llevaron a encontrar discrepancias con las versiones más frecuentes? De ser así, ¿cuáles fueron las más significativas?

-Sobre Masotta no hubo hagiografía, como dice Roudinesco, historia de santos. No hay San Masotta, como San Cayetano. Hay versiones, tímidas, apenas firuletean con su figura. El firulete puede ser muy lindo, es un arte, como en los paragolpes de los camiones: Masotta y Lacan cuando se pintan es para ir a la guerra, ¿mundial? ¿Y quién gana? El psicoanálisis es un movimiento muy complejo en la cultura, una Ursache, ya lo escribí en www.elsigma.com
Maud Mannoni, una ricachona, criada en las colonias y heredera de un instituto del padre, más allá de su mérito como psicoanalista, teórica y antipsiquiátrica, en su libro La teoría como ficción tiene el tupé de llamarlo a Oscar Masotta: una especie de gurú. ¡Él, que los recibió cómo duques a los Mannoni en las Jornadas Sigmund Freud en Buenos Aires, en el teatro San Martín! Pero ellos prefirieron el leclairismo de la APA: ahí había dinero y poder.
Lo mismo Roudinesco cuando vino acá la última vez, se alió con lo peor, hasta Vezetti se lo dijo. Pero ella quería público y poder, al revés que Wright Mills: Poder, política y pueblo. Son intereses ¿Quién no los tiene?, pero hay que tener un poco de consecuencia, lean Sexo y traición en Roberto Arlt de Oscar Masotta, sin la city.
En resumen, la versión de los países centrales europeos siempre denigra a las colonias, a pesar de haber centrifugado al exilio a los analistas, y a los emigrantes, con sus inconcebibles genocidios apocalípticos y sistemáticos, los mayores de la humanidad, las grandes guerras, etc. El otro día una maestranda en psicoanálisis (debo recordar que creé con 3 profesores la única Maestría en Psicoanálisis de la UBA, muy por encima de mis obligaciones estatutarias, y mi proposición de investigación fue la que salió en la cartilla. Y un seminario. Después me echaron, también de ahí), mexicana ella, y adherente ahora de la Eol, lo que el viento se llevó, no sabía quién era Camus. Otra estudiante, muy madura y formada, el otro día me dijo que no conocía a André Gide. Habrá que hablar entonces de Tinelli, o de Gucci, o de la última vedette.
Lo mismo con Masotta. Ya nadie lo conoce. Por eso mis notas, conceptos y esquemas de clase, es todo un acontecimiento en la cultura, por el que pasaron más de 300 personas, creo. Leer Masotta por Lecman, antes que el tiempo nos devore.
A 30 años de su muerte, Masotta sigue siendo fundamental, piedra de toque del psicoanálisis, como me llamaba un analizante brillante truchador de muebles antiguos pero cultísimo hace muchos años.

-En su texto “Filiación, transmisión, uno a uno entre los analistas” publicado en www.elsigma.com, habla de las luchas, fracturas, rechazos, desherencias y renegaciones de herencias que se producen en las corrientes y escuelas psicoanalíticas, ¿Cuáles son las que en torno a Masotta le han tocado presenciar?

-Puff, son innumerables: primero le sacaron la escuela, la EFBA; después se olvidaron que él introdujo a Lacan en Argentina; después se olvidaron de Sartre, de Roberto Arlt, del marxismo, que son su antecedente imborrable...chéeé, no seas psicobolche, qué patético. Se aggiornaron. Es el “se” de Heidegger, puaj, ese nazi, como Jung. Después se fueron a Callao, cerca de la Satragno o a un bello petit hotel. O cerca del Güemes, ya caído. O forrean. Primero se aliaron con Francia (no voy a nombrar al poderoso), luego se desaliaron, otros que no estaban aliados al principio, después se aliaron, como Germán García, etc. Se olvidaron de que Masotta creó el campo lacaniano aquí y en España, se olvidaron los que están del otro lado del Pirineo, porque como decía el exquisito Blas de Otero: la fina Francia/la brutal España (o Argielandia)/ a contrapirineo.
Pirineo me hace acordar del Pireo: como se olvidaron de Ramón Alcalde, maestro de griego, o de Sciarreta, que murió solo y pobre, o de tantos. Entre esos tantos, Silvio Frondizi, hermano del otro, innombrable, y que fundó Praxis y fue ametrallado en la 9 de julio.
Luego del robo inicial, en torno a Masotta no hay luchas. Porque él se va amenazado por la triple A. Sólo se dan infinitas escuelas, centros, asociaciones de lacaniosos, no quiero decir lacanianos, y sobre todo gente que se caga en el sufrimiento ajeno a cinco minutos la hora, en nombre del significante, del acto, del fantasma o del nuevo slogan de turno. Hay que ver los cuadros de Ensor sobre el carnaval humano en el Museo de Bellas Artes de Ambères. Todo bien.

-Masotta tendía a circular por fuera de los espacios “oficiales” y la legalización que ofrecen los títulos, por ejemplo no terminó la carrera de filosofía ni obtuvo ningún título de grado. ¿Por qué entonces, fundar y sostener una institución que a su vez tuviera como referencia y fuera reconocida por la Escuela Freudiana de Paris?

-Oscar siempre fundaba, era un maestro, un disparador. Después se iba, creo que no podía sostener tanta careta o tanta responsabilidad: para lo primero le hacía falta ginebra, para lo segundo, ser un líder burgués. Nada de eso. Pero abrió el campo de Lacan. Yo creo que él creía que era como fundar el Di Tella, pero no sabía que había tantos grumetes a lo Conrad o lo Salgari. Lacan dijo que era demasiado autobiográfico y Miller irrumpió un día con Chamorro muchos años después, en el Círculo Italiano, para ver quién era ese Masotta. En Barcelona Masotta tuvo que fundar bajo el título de Biblioteca, los europeos son muy severos con el reconocimiento académico. A mí me bancan porque tengo todos los títulos. Pero nada más: ¡andá a conseguir laburo de lavaplatos! Después todo es poder a poder. Salvo que seas un careta máximo, como Bianciotti. O un reflejo de la eternidad, como Borges.
A Oscar le faltaba la dimensión de la práctica clínica, si bien sus clases son fundamentales para la clínica, soberbias. Pero, dentro del lazo social, la clínica te da ese agarre de parroquia, esa garra para pelear con los lobos o los leones, como le dice Freud a Groddeck. Y al final, si te agarrás a tu sillón, sabés que el psicoanálisis está allí, en tu propio dificilísimo e interminable análisis, incurables los analistas, como decía Almafuerte en su Soneto Medicinal, cinco segundos antes de la muerte, no cinco minutos. Y a veces luchás contra la marea del tiempo, como en la splendid isolation de Freud. Oscar siguió y adelantó la ola de su tiempo. Se lo llevó el maremoto, el tsunami de la mediocridad. No era un patrón chef de service como Lacan. Libertino, un poco. Creyó en el reconocimiento filosófico. La sociedad psicoanalítica es una sociedad de hienas, como la humana. De la barbarie de horda nunca salió. Como la Iena de Hegel, del amo y el esclavo. Ahí vino la Razón, las Luces, y luego la Desilusión en la que vivimos. Freud terminó hablando con su perro: está en su Diario, Kurzeste Kronik. Y asqueado. Pero siempre se apuesta por algo, se descubre algo, por ilusión, per amore, por perseverancia.
Masotta persevera, más que Lacan en algunos puntos. Como la identificación. Las escuelas lacanianas siempre tuvieron problemas con el nombre.
Pero Masotta no estaba hecho para amo, sino para maestro, por suerte en castellano no se dice igual, aunque acá los asesinan en la Patagonia. Fuentealba.
Hay que gritar ¡Fuenteovejuna!

-Dentro de los conceptos que se trabajaron en los seminarios de Masotta a los que usted asistió durante el período 1972-74 se encuentra el de interpretación anagógica, ¿a qué se refiere y cuál es su importancia en la clínica psicoanalítica?
-Es un concepto de Silberer, un marginal del psicoanálisis, deportista como su padre, iniciador de los viajes en globo, y suicida, que creo es fundamental para entender el doble y la psicosis, con el fenómeno funcional, que Freud tomó como complemento a su teoría de los sueños. En cuanto a la interpretación anagógica, tiende a una interpretación culta y hacia arriba o hacia el futuro, si no recuerdo mal. En resumen creo que es similar a un libro de un tal Lorenzer, que dice más o menos que en psicoanálisis el símbolo va a lo más bajo y lo más alto. Freud dice lo mismo: la virtud y el vicio pueden venir del mismo lado. O hacer del vicio virtud.
-En Freud X Masotta, libro de su autoría aún no publicado dice en el postfacio: “Cuádruple valor el de estas notas sobre las clases de Oscar Masotta: personal, arqueológico, histórico y de transmisión, sobre una huella que no es transcripción ni taquigrafía.” ¿De qué manera se pone de manifiesto el valor de esas notas en cada una de estas categorías?
-Arqueológico, porque en el sentido de Foucault está la periferia de un saber del que va a surgir la episteme, y a veces prefiero dejar las notas casi tal cual, para la investigación, la lectura y la creación de cada uno. Histórico por todo el contexto cultural de los años ‘70, riquísimo, todavía vigente y por el pasaje Sartre-Freud-Lacan vía estructuralismo, algo que ahora me da risa.
De transmisión, fundamental, porque es una lectura exquisita de Freud, elevado a la potencia Masotta, más que por, y muestra los problemas de la transición o el vel Freud-Lacan. Hay que leer el prólogo y el postfacio para entender esos conceptos, donde Masotta y yo nos fundimos en lo que incorporé de él, mal o bien.
Me olvidaba de lo personal. Mejor olvidarse, para mí es el sentido de este acto. Cosas mías. Para los otros será un tesoro personal si saben apreciarlo, aprovecharlo y quererlo. Será como un barco hundido con un tesoro que se reflota: se necesita con qué, y expertos en buceo y aparejos apropiados. Pero todo llega aunque el cuerpo no aguante 100 años, como sí pudo el juez y escritor Filloy, el de Opploop, Estafen. No Fillol.
Ese libro es un esfuerzo enorme, múltiple, de recreación a través de los años, ya son más de 35, sin parar de leer, analizar y pensar, y el de Andrea Citón entre otros, y de dos sellos: Milena Caserola, por una nena que golpeaba la cacerola, una editorial alternativa de Matías Reck (me gusta desde que Amorrortu me tergiversó en la segunda edición del Diccionario de Chemama que traje, traduje, elaboré, recreé, etc., y se murió penosamente el cultísimo amigo Etcheverry, el del esfuerzo descomunal del Freud verde, un semejante, un hermano: un abrazo, (pronto estaremos allí) y www.leerypsicoanalizar, mi sitio de cultura y psicoanálisis, muy serio...
-También, en el texto de referencia plantea que el programa de Masotta no se ceñía al índice de Miller de los Escritos, como algunos seguidores han declarado, ¿Cuál es su lectura de este hecho y en qué radica la importancia de destacar esta diferencia?
-El índice de Miller atomiza, como cualquier índice analítico, pero además está llevado por un afán logicista que destruye la teoría psicoanalítica convirtiéndola a lo sumo en una progresión guiada por un periodizador: 1, 2, 3,4. Los programas de Masotta sobre Freud son una invitación extraordinaria a la lectura, que es personal, sintomática, transferencial, sistemática, como escribí hace muchos años, en los grandes surcos de la cultura. Marcan además un vel, una transición entre Freud y Lacan que no tiene solución, es como la bolsa o la vida, sobre todo porque Lacan era muy avaro. No Freud. Y Masotta articula y marca diferencias, y abre a pensar exquisitamente, otra vez Freud a Groddeck. Imagínense una cura en las fastuosas clínicas europeas, las hidroterapias, Marienbad, Budapest, a pocos kilómetros de Viena. Masotta es una cura de lujo para un médico de mutual y un psicólogo de in-dependencia, o para un filósofo o un autodidacta loco dando vueltas por Corrientes. Hasta los ingenieros y topólogos se asomaron. Son programas, no índices, “convichis”, convites maravillosos, como dicen los brasileños. Una invitación a la danza de los vampiros del psicoanálisis, chapeau! Masotta era como el inquilino de Polanski: lo echaban de todos los departamentos por sus grupos, hasta que llegó a Acta. Y de ahí saltó a Londres y Barcelona.
Retomo, los programas de Oscar Masotta se significan durante 35 años y más. Él mismo dice que dentro de 20 años lo van a entender. Es un après coup antes de tocar el arpa, con el sexo acuciando y el hambre haciendo estragos, condición humana. No hay otra. Lo demás es sociopatía de public relations, recursos humanos o savoir faire. A cada cual lo suyo. Nadie obliga a ser psicoanalista ni a analizarse. Sólo uno, el otro ya está de yapa.
-La intervención de Masotta no se circunscribe únicamente al ámbito del psicoanálisis, también podemos encontrar sus reverberancias en otros campos de la cultura de la década del ’60 en Buenos Aires, algunos de esos ámbitos son el Intituto Di Tella o la revista Contorno. ¿Desde sus recuerdos y lecturas que destacaría del paso de Masotta por estos espacios?
-Esto lo pueden destacar mejor los especialistas. Burucúa, un excelente historiador de arte, podrá decir algo desde el arte. De la revista Contorno tenemos al insigne David Viñas, ya muy viejito, su hermano Ismael, creador de un movimiento de izquierda nacional, en Miami; de Sebrelli prefiero no hablar, Correas se denuncia solo en Operación Masotta. En cuanto a Noé Jitrik, que fue mi jurado de doctorado interdisciplinario, creo que se olvidó de Contorno y todo eso. Le mostré sus poemas Feriados y dijo: “¿eso escribí?”. Él tiene su lugar, ya sin contorno.
He leído los estudios sobre pop art, historieta, happenig, conciencia y estructura, etc. De todo eso lo que más me gusta es Sartre, no la semiología, una moda por suerte pasada. A Oscar le quedaba el look de la Galería del Este, casi diría de los mocasines de Guido, una displicencia en el jopo, la ginebra, el pucho, la sordera, un aire de muchachote medio Dépardieu. Protestaba porque en un seminario no le había dado en seguida el whisky un personaje pantagruélico ya desaparecido, ex profesor de la UBA. Era como un Oesterheald (extraordinario historietista desaparecido por el Proceso Militar) del psicoanálisis. Su perro y su tocadiscos se lo llevó un amigo que le presenté, y todavía gira en disco rayado. Su alma no. A mí me queda su alma de maestro. Eso se ama. Con diferencia (nunca estuve cerca de él y su barra). No con estupidez.

-¿Cuál es el resto que a modo de causa persiste, y qué se ha perdido de la figura de Oscar Masotta?

-El pensamiento crítico, la lectura, la investigación, una didáctica del autos, del “sí mismo” profana, el autoanálisis es fundamental, está en la propuesta de Lacan (hay dos, una es francamente antisemita, la borraron, es curioso...) y en el autorizarse por uno-él mismo, par lui-même, no por sí mismo, una ética muy difícil y del Malestar en la cultura. Se ha perdido a Masotta y como digo en el libro, a los creadores no los superamos ni los seguimos, lamentamos su falta y desde ella trabajamos, generando nuestro propio camino. El mejor discípulo no es un seguidor ni un repetidor sino el que genera su propia chispa: de un polvo venimos y a otro vamos. Si nos parecemos a veces es ilusión de los parientes. Con el tiempo nos vamos perfilando, aunque el horror al acto y al pensamiento persiste, porque nos obligan, todo el tiempo y nos apuran a un destino inevitable.
Se ha perdido la interrogación a la cultura, la política, la interrogación al arte, la creación, la humildad, la enorme capacidad de lectura. Y leer a Freud a fondo, hasta las tripas, y vomitarlo a su manera, incluso con síntomas: Masotta hablaba de los suyos: la Rosetta, Rosita y de ahí a la piedra de Champollion, como Freud con el magnífico Signorelli: lo vi, a una hora de Roma, una maravilla, aunque las reproducciones son mejores. Masotta les enseñó a las bestias de la polis a pastar en un campo apropiado. El psicoanálisis no es una tarea para cualquiera, es una función muy difícil en la cultura, sin magia ni religión, y más allá de la ciencia, pese a Freud, por una ética de la sexualidad, del trabajo creativo y de la mortalidad que confluya a rescatarnos del sacrificio total que tan bien describe Agamben, o Primo Lévi, o Huxley, o Orwell, o Kafka, o Arlt, a veces Sacomanno, qué sé yo, y que es el desafío de nuestro tiempo, antes de que el avión se caiga con la bomba atómica (ya lo hizo) o la peste nos idiotice. A cada cual su camino, y su análisis, pero con todos, o nada. El androide. Fukuyama tiene razón, la derecha sabe, por eso domina el mundo. Lacan era conservador. Freud liberal de viejo cuño (cartas a Arnold Zweig). Masotta murió en 1979, hacia la mitad decadente del Proceso Militar, en Barcelona. Aquí nos retorcían las bolas, o nos quemaban las tetas y nos tiraban en barriles de cemento al Río de la Plata. ¿Qué transmisión?, fue cortada violentamente.

-En nombre de elSigma le agradezco el haber participado en este espacio que ha tenido por objetivo recordar y reconstruir, a través de la palabra y desde su perspectiva, un período que marcó una apertura y un viraje de consecuencias trascendentales, al generar una fuerte raigambre del movimiento lacaniano en nuestro país. Circunstancia que para muchos no hubiera sido posible sin la intervención de Oscar Masotta.